El ramayana es la epopeya de la literatura hindú más conocida y la más sublime expresión de la lengua sanscrita. Su desarrollo no es tan extenso como el de mahabharata, por lo tanto tiene menos reiteraciones y es más fuerte y clara.

No puede asegurarse que esta epopeya tenga por autor a aun poeta determinado, aunque los últimos versos del ramayana digan categóricamente: Este es el poema que hizo Valmiki… pero cuando se considera que esa obra fue concebida y comenzaba hacia el siglo X antes de Jesucristo, y se sabe que los brahamanes tuvieron las tareas de transmitir a la posteridad los vedas, los puranas, los sutras, los apólogos y centenares de obras de las india antigua, con gran intervención de la imaginación, no se puede más que dudar que el ramayana haya tenido un solo autor.

Tal vez sea Valmiki el nombre de algún sacerdote veda que concibió la obra y le dio su forma primitiva; pero resulta incuestionable que experimento considerables ediciones posteriores. En todo caso, la obra produce admiración. En ella se trata de la lucha de hombres contra hombres, de dioses contra hombres, de dioses contra dioses.


A pesar de las cuentas batallas que relata, la acción prosigue emocionante y maravillosa. La gracia supera al horror. Todas las batallas tienen por objeto la liberación de la joven cita. Solamente demonios horribles fueron exterminados, y los monos que murieron por ella en los combates fueron resucitados por Indra, el señor de los dioses.

Los dioses son amenazados por años Raksasas, raza de demonios terribles, de inmensa fuerza, gobernados por el rey de diez cabezas, Ravana, que reside en Lanka (Ceilán). Aquellos seres dedicados al mal, invaden poco a poco el universo y hasta amenazan al cielo y sus divinos habitantes: El dios Vichnu, ignorándolo todo y hasta el mismo Rama, que no sabrá su divina esencia sino después del cumplimiento de su misión.

Rama contrae matrimonio con Sita, hija del rey de Mitila, del país de Videa; después de ese acontecimiento, el rey Desarata maduro el proyecto de compartir su poder real con Rama; pero el día que Rama debía ser consagrado, Kekeyi, inspirada por la Raksasa Mantara, obliga al rey, su esposo, a cumplir una promesa que le había hecho de concederle el primer favor que ella le pidiera. Le pedí, entonces, que destierre a Rama y que en lugar de este ponga en el trono ponga a su propio hijo Barata.

Rama es desterrado a la selva y le siguen Sita y Laksmana; llegamos a saber, en el intervalo, que Desarata se halla bajo la maldición de un anciano anacoreta ciego, a cuyo ojo mato accidentalmente durante una casería.

Desarata, ya en la vejez, murió dulcemente, estando al lado de su mujer Kaosalya, quien estaba dormida. A la muerte del rey, su padre, Barata quiere que pase el poder a manos de Rama, y marcha a buscarlo.

Después de varios episodios, Sita es raptada por Ravana; para liberarla Rama recurre a un ejército innumerable de monos bajo la jefatura de sus reyes Hanumat y Sugriva. Finalmente, después de atacar4 la capital de Ravana, Rama libera a Sita y liquida al malvado Pavana.

Pero Rama duda de la pureza de Sita y la rechaza, entonces en escenas de un dolor sobrecogedor, Sita desea arrojarse a las llamas, pero el dios fuego la libero y atestiguo así la inocencia de la joven mujer: “El fuego mismo puso en el seno de Rama a la joven, a la bella, a la sabia Videa de las joyas de oro puro, vestida con traje escarlata, adornadas de frescas guirnaldas de flores y parecida al sol”.

Entonces, el testigo incorruptible del mundo, el fuego, dijo a Rama: “He aquí a tu esposa pura y sin tacha; yo, el fuego que ve todo lo que hay manifiesto y oculto, te garantiza que no existe en ella la menor falta”.
Entonces Rama, después de pasar catorce años habitando los bosques, regresa a la ciudad de Ayodya, de la que Barata le entrega el imperio.

María es atrapada y enjuiciada, recibe perdón por consideración a su padre, u la muchacha decide refugiarse en la vida conventual. El principal damnificado de esta decisión es Ricardo, quien ve en Marta a la mujer que poco a po0co ha conquistado sus sentimientos amorosos.

El romanticismo es versión esproncediana agrega su cuota de lacrimosidad en algunas escenas y al autor no le faltan destellos de ironía para burlarse del llanto incontenible de los propios personajes que el crea.

referencias
http://es.wikipedia.org/wiki/Ramayana
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